20 de enero de 2018

Motín Rojo: El fantasma del Potemkin surca el mar de la felicidad

Por Antonio J. Pérez Aguirre

@A_J_Perez


En la contraportada de la novela histórica Motín Rojo: La verdadera historia del Acorazado «Potemkin» de Neal Bascomb puede leerse lo siguiente:   «En 1905, tras comprobar que les servían carne podrida, más de seiscientos marinos rusos se amotinaron contra sus oficiales a bordo del acorazado Potemkin, el navío de guerra más poderoso del mundo en ese momento. La suya era una vida que apenas merecía vivirse, con un trabajo extenuante y una opresión absoluta, una existencia similar en su injusticia y desesperanza a la de la mayoría de los trabajadores de la época en Rusia. 

Contra todo pronóstico, los marinos rebeldes lograron hacerse con el control del barco e izar la bandera roja de la revolución. Lo que siguió fue una dramática persecución puerto por puerto que duró once increíbles días, y acabó convertida en aviso y emblema de la Revolución rusa, como recogió magistralmente Serguéi Eisenstein en su película». 

El hambre en los cuarteles y la mala calidad de la comida han sido el génesis de revueltas a lo largo de la historia.  


En los pocos días que han transcurrido del año 2018 varias noticias referentes a la situación de escasez de comida en Venezuela, y en especial en los cuarteles de las unidades de la Fuerza Armada Nacional, han ocupado espacio en los medios de comunicación social alternativos. 


El tema lo traté en conversaciones casuales que sostuve por separado con dos miembros activos de la FAN. Sus respuestas no pudieron sorprenderme más: 

El bisoleado me dijo que eso no era de preocuparse, ya que un pequeño cuartel de la GNB no representaba una masa crítica capaz de cambiar el curso se los acontecimientos; el otro (oficial superior) me comentó que él en su unidad comía bien, que estaba claro que era un caso particular y que vivía en una burbuja, que cuando esa burbuja estallara él vería qué hacía con su vida. A ambos les recomendé que estudiaran los hechos descritos anteriormente, y que casualmente fueron el génesis del stalinismo en la extinta URSS. 

Hace un par de días recibí un mensaje de texto que no dejó de sorprenderme.

El mensaje venía de un número no registrado en mi libreta de teléfono, pero se refiere a mí como Mi Capitán, y no me llaman así desde hace casi 10 años que me fui de baja. La persona se identifica y empiezo a hacer memoria para dilucidar quién es, pero mi mente es frágil, presté mi servicio en la Armada por casi 22 años y por cuestiones laborales aún mantengo cierto contacto con algunos miembros de la FAN. 

Al final pude ubicar al Sargento, no es de la Armada, pertenece a otro componente.

Lo conocí por casualidad hace más de 6 meses en un viaje de trabajo e intercambiamos nuestros contactos.

En esa oportunidad me dio la impresión de que es un hombre llano, sencillo y honesto, digno de portar el uniforme militar, pero en la época equivocada.

La conversación fue corta pero contundente, y la reproduzco en la siguiente foto (el nombre de mi interlocutor fue borrado para proteger su identidad e integridad).  Saquen sus propias conclusiones.

Dicen que la historia es helicoidal, se repite en tiempos y planos diferentes, y quienes no la conocen, están condenados a repetirla. 


Desde esta cofa se observa al fantasma del «Potemkin» surcando el «mar de la felicidad».