17 de octubre de 2018

Yo soy el amo de mi destino

Por Antonio J. Pérez Aguirre


@A_J_Perez

Viene a mi mente un pensamiento de Steve Jobs, quien en su famoso discurso en la Universidad de Stanford dijo: “No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás.  Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza de seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino trillado, y eso hará toda la diferencia”.
Los viajes para mi han sido, y son parte de mi vida pasada y presente… y también futura.
Como hijo de marino, los viajes los viví en tercera persona, hasta que decidí que esa sería mi vida.  Me forjé entre el Agua de mar, el Aire salitroso y el Fuego de las máquinas y los cañones de los buques de guerra, retornando a la Tierra firme, la cual siempre ha sido y será el principio y el fin de mis viajes.
Se unen los puntos.
En la novela Tifón, Joseph Conrad explica que en todo buque hay un hombre quien, en la hora de la emergencia o peligro en el mar no puede acudir a otro hombre; hay un hombre quien es el responsable en última instancia por una navegación segura, el rendimiento de la maquinaria, el disparo preciso y de la moral de su tripulación.  Él es el Comandante, él es el buque.  En eso consiste el privilegio, el prestigio y el peso de un Comandante. 
Me preparé por muchos años para comandar buques de guerra, el destino no me brindó esa oportunidad.
Dejé de ser Capitán de la Armada, para ser Almirante de mi vida.
No comandé buques de guerra, pero tengo la oportunidad de comandarme a mi mismo, ese el mayor de mis desafíos.
Se vuelven a unir los puntos.
Desconozco que me depara el futuro, lo único que tengo claro es el retorno sucesivo y constante a tierra firme, génesis y destino de mis viajes.
Se seguirán uniendo los puntos.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigos la sentencia,
yo soy el amo de mi destino.
(Invictus, William Ernest Henley)