13 de febrero de 2016

Lo que aprendí

Hoy culminamos el curso Digital 3 en el Roberto Mata Taller de Fotografía dictado por mismísimo Rey de la California, Roberto Mata.  Quiero reflexionar acerca de esta maravillosa experiencia, más que académica, de vida.  Les confieso que mis expectativas eran otras, y muy lejos de decepcionarme quedé gratamente sorprendido.

Cuando Roberto nos dijo en la primera clase que el curso era para nosotros como individuos y no para aprender a usar la cámara fotográfica, no me imaginaba por toda la reflexión por la que circunvalaríamos en estas cinco semanas.

El grupo no podía ser más heterogéneo:  periodistas, diseñadores, estudiantes de educación básica y universitarios, ingenieros, marinos de guerra, gerentes, reporteros gráficos, amas de casa; unos artistas y otros intentando serlo; los años de experiencia más desiguales imposible, desde un virtuoso del Cuatro de 13 años, hasta adultos contemporáneos que lo cuadruplicamos en edad.

Nos paseamos por el retrato a un desconocido, a una persona de la tercera edad, por responder con imágenes preguntas, dudas existenciales y filosóficas, miedos, temores y obstáculos; nos desnudamos emocionalmente frente a desconocidos (hoy no lo somos tanto); pensamos, nos estresamos, nos divertimos y reímos mucho, y en más de una oportunidad, un par de lágrimas corrieron por nuestras mejillas; y lo más importante, aprendimos de fotografía, de edición, de los errores propios y de los ajenos, de las virtudes de unos y de los defectos de otros.

De todos aprendí, o mejor dicho, aprendimos.  Algunos son artistas natos que están en proceso de maduración como tal y otros tenemos intenciones de serlo; unos demostraron que nunca es tarde para empezar de nuevo, otros que la distancia no es un obstáculo si se quiere aprender; unos descubriéndose en la adolescencia, y otros en la adultez;  unos niños maduros, otros adultos jóvenes; unos que no paramos de hablar, otros que miden cada una de sus palabras; unos extrovertidos, otros encerrados en sus carapachos; pero todos con necesidad de comunicar con imágenes lo que llevamos por dentro.

De Roberto corroboré que si amas lo que haces no trabajas ni un minuto de tu vida.

Me atrevo a decir sin temor a equivocarme, que después de cinco semanas somos, no se si mejores fotógrafos, pero si estoy seguro que somos mejores personas y crecimos como seres humanos.


Gracias a todos, y especialmente a Roberto.